A Primitiva De la Cruz le quedaban ocho cuyes pequeños y flacos cuando Abel Rojas Pozo, estudiante del último ciclo de Medicina Veterinaria y Zootecnia, llamó a la puerta de su casa, en la comunidad de Huayllaspanca, distrito de Sapallanga, provincia de Huancayo (Junín). La noche anterior, el noveno de sus animalitos había muerto repentinamente, y su tristeza inicial se había transformado en preocupación por lo que podría sucederle a los demás. Sin embargo, luego de escuchar a ese joven de 24 años, animándola a participar en un proyecto para tecnificar su crianza, algo dentro de ella se iluminó. Los cuyes, le aseguraba Abel, podrían alimentar no solo a su familia sino a decenas de clientes, que pagarían buen precio por su carne exquisita y nutritiva.

“Antes de iniciar el proyecto, en Huayllaspanca se criaban cuyes a la usanza tradicional de nuestra sierra, es decir, dentro de las casas, corriendo por el patio o en la cocina. Los animales no tenían un espacio propio, ni eran separados según sus roles como mamíferos. De esta manera era fácil que se enfermen o que no crecieran ni se reprodujeran en todo su potencial”, recuerda Abel Rojas, natural de Ayacucho, pero huancaíno de corazón, y ganador de Beca 18, convocatoria 2014.

El poder de la educación

Gracias a la beca, Abel estudió en la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH). Debido a su infancia y adolescencia en Huancayo, a donde huyó con su familia debido a la violencia que azotó nuestro país en los años 80 y 90, creció observando cómo la población perdía oportunidades para prosperar con la crianza de animales de granja debido a la falta de información y recursos. Así, cuando el 2018 se presentó al VI Concurso de Proyectos de Promoción de la Responsabilidad Social organizado por la universidad, propuso revertir esta situación diseñando Nutricuy, un programa para sistematizar la crianza de cuyes y contribuir con la economía y nutrición de sus propietarios. Su propuesta se alzó con el primer lugar del certamen y un premio de S/10.000 para implementarla.

“Elegimos Huayllaspanca por su condición de zona agrícola y la gran necesidad de su gente. Al cabo de 11 meses de trabajo, con la participación activa de la mayoría de sus 225 familias, se ha logrado aumentar en casi 500% el número de cuyes de los participantes”, explica Abel, orgulloso de su alumna más aplicada, Doña Primitiva, quien ahora alimenta a 50 cuyes, tan grandes y saludables que acaban de ser distinguidos por su calidad en una competencia del voluntariado Salud Pública Veterinaria (Sapuvet), integrado por docentes, alumnos y egresados de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UPCH.

“Toda mi vida me dediqué a sembrar y cosechar la tierra, por lo que no tomé en serio la crianza de cuyes. Pero la tierra ya no rinde como antes, paga poco y exige mucho para alguien de mi edad. Con los cuyes ahora tengo una forma más tranquila de trabajar”, comenta Adelaida Porras Quispe, de 70 años.

Abel confía en que los resultados de Nutricuy continúen siendo óptimos conforme las familias participantes afiancen las técnicas aprendidas. El reto vale la pena, pues, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura, el kilo de carne de cuy cuesta alrededor de US$13 y el Perú es el primer exportador mundial de carne de cuy, con una participación de 71,3% en el mercado internacional.

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